Pásate al lado oscuro

Siempre nos han metido en la cabeza que lo negro, en contraposición con lo blanco, es malo. El negro es oscuridad, muerte, magia malévola. Son los funerales, las ovejas descarriadas, agujeros que abren puertas hacia lo desconocido. Los seres humanos negros son peligrosos delincuentes que hay que apuntar con pistolas y en última instancia disparar porque “vete tú a saber qué tendrán guardado en el bolsillo”. Lo mismo ocurre con la ropa negra en verano: mala, perversa, totalmente prohibida. En verano siempre colores claros, dicen, para que no absorban el calor. Nada de vestir como si fueras a un concierto de Slayer o Children of Bodom. Pues esto es cierto sólo en parte y ahora mismo os lo voy a explicar.

Resulta que nuestros ojos perciben los colores -es un resumen, amig@s físic@s, no me crucifiquéis- de la siguiente manera: la luz incide sobre el objeto y éste absorbe distintas longitudes de onda según sus propiedades. La longitud -o rango de longitudes- de onda que no se absorbe y es reflejada, es la que nosotros vemos.

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En la parte de arriba podéis ver las distintas longitudes de onda de los colores que percibimos. Por ejemplo si miramos una naranja, sabemos según este esquema que ésta refleja la luz de 620 nanómetros aproximadamente y el resto de longitudes de onda las absorbe. Así funciona nuestra percepción del color  (Fuente: Wikipedia)

Los objetos negros absorben todas las longitudes de onda de la luz visible, y los blancos hacen lo contrario: las reflejan todas. Por eso en teoría si vistes de negro tus prendas absorberán toda la luz del sol y la convertirán en calor. Pero digo en teoría porque el sol no es la única fuente de calor que existe, nuestro cuerpo también genera calor. Cuando portamos ropa blanca este calor corporal se refleja de vuelta al cuerpo pero al vestir de negro el calor es absorbido por el tejido. Si sopla algo de viento y vestimos con ropa negra holgada, ésta captará el calor del cuerpo y por corrientes de convección el calor se disipará. ¿A que es maravilloso?

Por eso lectoras y lectores, dejad en paz a los emos, a los panteras negras, a los góticos, a los beduinos, a Will Smith y Tommy Lee Jones o a Johnny Cash. Todos estos van -o iban en el caso de Cash- de que a ellos las leyes de la física plín, pero en realidad llevan años riéndose de nosotros cada verano por parecer recién salidos de una fiesta de Norma Duval en Ibiza.

El indeseado termostato del cuerpo

Esta ola de calor es insoportable. Apenas se puede dormir, trabajar es una tortura y uno se pasa el día sudando de la manera más desagradable. Pero precisamente ese líquido salado tan aborrecido es capaz de mantenernos con vida. El sudor es nuestro termostato incorporado y sin él no podríamos regular nuestra temperatura corporal. Continue reading “El indeseado termostato del cuerpo”

Las caquitas de los hongos

En el centro de Barcelona no se oye otra cosa: “Cerveza, beer”. Personas de las que no voy a hablar ofrecen algo a otras personas de las que tampoco voy a hablar a cambio de algo de lo que nunca pienso hablar. Va en latas de aluminio, principalmente rojas y con nombre de astro (no doy más pistas que descubrís el pastel). Lo que contienen esos envases se llama cerveza, está deliciosa, y es un producto que no existiría si no fuera por unos colegas diminutos: los hongos. Continue reading “Las caquitas de los hongos”

El otoño o el Pantone de los bosques

¡Ay, el otoño! La vuelta al cole, la desaparición de la marca del bikini, la depresión postvacacional y el regreso al gimnasio y a un largo etcétera de deprimentes obligaciones. Y encima se caen las hojas de los árboles. Parece que esta estación no trae nada bueno… Pero si lo miramos desde otra perspectiva, a la desnudez de los bosques le precede una explosión de color que, por su belleza, ha venido inspirando y deleitando a la humanidad a lo largo de la historia.

Las plantas son de colores porque tienen pigmentos, unas moléculas especiales que según la longitud de onda de la luz que absorban y reflejen serán de un determinado color. El pigmento más abundante es la clorofila, Continue reading “El otoño o el Pantone de los bosques”

La permanente y el tufillo a apocalipsis

El averno, el infierno, estanques de fuego. Alcrebite. Esa S maldita. El AZUFRE. Y es que este elemento que presuntamente hizo llover El Hombre del Espacio sobre Sodoma y Gomorra para castigar a los impuros siempre ha estado ligado a ambientes, digamos, pelín “endiablados”. Por ello resulta un tanto banal que el átomo del inframundo influya en si tenemos una cabellera lisa como Mulán o ese rizo tan estupendo del amigo Slash.

Si la piel y los huesos contienen colágeno, el pelo está compuesto de otra proteína: la queratina. Ésta es fibrosa y alargada. Muchos de sus aminoácidos (las pequeñas unidades que conforman la proteína) contienen azufre. Continue reading “La permanente y el tufillo a apocalipsis”

La mutación a cangrejo

“And it burns, burns, burns… The ring of fire…” Nos vendría al pelo para este post que la letra de la canción se refiriese al sol pero sabemos que cuando June Carter la escribió en realidad hablaba del amor ardiente que sentía por Johnny Cash y no del astro rey. Así que no viene a cuento, vale, pero aprovechando la coyuntura poneos este clásico de fondo para amenizar la lectura.

Pues resulta que la naturaleza, que es muy sabia, nos ha regalado un escudo químico para la piel llamado melanina. Este pigmento negro absorbe los rayos ultravioleta del sol (UVA y UVB) para que no penetren en nuestras células causando daño. Continue reading “La mutación a cangrejo”

No creo que estés preparado para esta gelatina

I don’t think you ready for this jelly. Las Destiny’s Child no iban desencaminadas con eso de denominar jelly, gelatina, a sus exuberantes posaderas. Y es que la gelatina no es otra cosa que colágeno extraído de tejidos de animales hervidos con agua. Mmmmm, apetecible, ¿verdad?

El colágeno es una proteína, una larga cadena de pequeñas unidades llamadas aminoácidos. Continue reading “No creo que estés preparado para esta gelatina”