Especial CELULOIDE

Conozco a gente a la que no le gusta ir al cine. Sí, no pasa nada. También hay personas a las que no les gusta la música, Juego de Tronos o el chocolate y también tienen derecho a vivir. A mí el cine me encanta — no soy tan friki como algunos de mi compis de revista, eso sí — y sigo disfrutando de vez en cuando de una buena sesión a oscuras en pantalla gigante con bien de palomitas, bebida y los comentarios posteriores de rigor.

La ciencia y el cine siempre han estado vinculados. Antes de la famosa proyección de los hermanos Lumière en París en 1895 hubo muchos intentos de capturar imágenes en movimiento por medios mecánicos. Ir un paso más allá de la fotografía era algo que obsesionaba a muchos inventores.

Thomas Edison, por ejemplo, patentó el kinetoscopio, un rudimentario proyector de cine. Por otro lado, el formato de las películas ha estado estrechamente ligado a la química hasta la llegada de la tecnología digital. El celuloide, un material plástico de nitrocelulosa fácilmente moldeable, fue el soporte sobre el que se almacenaban las películas hasta la llegada del acetato en la década de 1950. Sin el I+D que se hizo en el siglo XX no podríamos haber disfrutado de cientos de peliculones, videoclips o series que han marcado nuestras vidas. Pensad en vuestra infancia sin Regreso al Futuro, Thriller, E.T. o El Príncipe de Bel Air. Eso no es infancia ni es nada.

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Negativo de película de 35 mm con las clásicas 4 perforaciones por fotograma (Fuente)

El cine también es un vehículo para contar ciencia. El género de la ciencia ficción, mitad ciencia, mitad fantasía, nos ha dejado joyas como Parque Jurásico, Blade Runner, Interstellar, Alien, Contact, Gattaca o 2001: Odisea en el Espacio, con las que además de pasar un buen rato podemos aprender nociones científicas sin aguantar la chapa de la enciclopedia de turno.

Los biopics o películas autobiográficas sobre científicos/as, si están hechas con gusto, pueden apasionar al público tanto como Bohemian Rapsody. Bueno, igual me he pasado de optimista, pero no me digáis que Figuras ocultas, Ágora, La teoría del todo, Descifrando Enigma, Una mente maravillosa o Gorilas en la niebla no son historias brutales. Se está tendiendo cada vez más a plasmar las vidas de grandes investigadores e investigadoras en el cine y esto significa que la ciencia — y las personas que la hacen — interesa a la gente.

Yo soy muy fan de los biopics, así sean un muermo, porque me ayudan a bajar al personaje al nivel de persona. En el caso de la ciencia son un medio perfecto para que la sociedad sea capaz de imaginarse a los/as científicos/as como personas de carne y hueso, con sus gustos y aficiones muy alejados de la ciencia, sus sentimientos y su todo. Que no todos somos como los personajes de The Big Bang Theory y a algunas incluso nos encantan las artes y las letras, dejarnos nuestro sueldo en conciertos y festivales o en entradas de cine, que baratas no son pero lo mismo cuesta un cubata y no os duele nada soltar la panoja en esos casos, ¿eh? Que el alcohol es malo para la salud, no sé cuántas veces os lo tengo que decir. ¿O es que acaso aún no habéis leído mi artículo para el especial DAME VINO?

Artículo publicado en El Lamonatorio para El Mono revista cultural (El Mono #73)

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*Imagen de portada: Comunicae.es

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