Especial AVENTURA

Cuando escucho la palabra “aventura” lo primero que me viene a la mente es Romeo Santos haciéndonos ver, a principios de los 2000, que más que enamorados estábamos obsesionados. Puede que el bachatero del Bronx y su banda tuvieran algo de razón, por lo menos en lo que a mi respecta. Yo me obsesiono enseguida con las cosas que me gustan y a veces creo que tengo un poquitito de TOC. Como cuando de pequeña me dio por “El hombre y la tierra” y acabé haciéndome la colección de VHS que te venía con no sé qué periódico. La veía una y otra vez. La sintonía de los títulos de cabecera era tan épica que al escucharla me entraban unas ganas locas huir y unirme al equipo de Félix Rodríguez de la Fuente. Quería ser él, convertirme en la hembra alfa de una manada de lobos, abrazar linces ibéricos y anacondas y erigirme como la salvadora de la biodiversidad terrestre.

La vida de Félix estuvo repleta de aventuras. Se crió en el pueblecito burgalés Poza de la Sal en contacto directo con la naturaleza. Por extraño que pueda parecer estudió medicina, no biología, pero como solía decir el amor por los animales no le nació en ningún momento de su vida: formaba parte de él. Antes de comenzar a hacer televisión fue asesor de cetrería en el rodaje de El Cid (con Charlton Heston) y realizó diversos estudios sobre aves rapaces. Es precisamente gracias a estos pájaros majestuosos por lo que llama la atención de algunos productores televisivos. Nace Félix, el amigo de los animales, quien desde aquellas primeras apariciones en la caja tonta inspirará a millones de niños, predicando la importancia de la conservación de los recursos naturales y mostrando la belleza indómita de nuestros paisajes. Sus amplios conocimientos sobre fauna y su dominio de la oratoria hipnotizaban a los telespectadores, llegando a crear una auténtica legión de seguidores. Uno de los momentazos en la vida de Félix fue la adopción de dos lobeznos en una localidad del Bierzo, a los que salvó de ser apaleados. Los crió junto a su familia y una vez se hizo con más ejemplares que iban a correr la misma suerte, se convirtió en el líder de la manada. Las imágenes con los lobos son asombrosas. Estos cánidos eran sin duda una de sus pasiones y aquella acción tan mediática ayudó a crear conciencia sobre el peligro que corrían en la Península Ibérica. Suele decirse que en los años 80 un gran porcentaje de los alumnos que se matriculaban en Biología lo hacían para emular a Félix. Sinceramente, no me extraña nada. Era carisma pura.

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Escultura en honor a Félix Rodríguez de la Fuente en el zoo de Madrid (Fuente)

La serie “El hombre y la tierra” fue la que le catapultó a la fama pero también la que le quitó la vida. En 1980 su avioneta se estrelló en Alaska, donde se encontraba rodando uno de los capítulos de la parte de fauna norteamericana. En las pelis, el osado aventurero siempre sale indemne y triunfador, pero lamentablemente la realidad es otra cosa.

El pasado 14 de marzo Félix Rodríguez de la Fuente hubiera cumplido 90 años. Un abuelo la mar de interesante, no me digáis que no. Por suerte, dejó tras de sí un legado de concienciación y amor por los animales y el medioambiente que las generaciones posteriores han ido transmitiendo hasta llegar a nuestros días. Gracias, Félix. La canción del Cocoguagua y su colegui Ana nunca te hizo justicia.

Artículo publicado en El Lamonatorio para El Mono revista cultural (El Mono #62)

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*Imagen de portada: Viquipèdia.

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