La vieja escuela del graffiti europeo

Paredes, muros, puertas, pantallas acústicas de autovías y autopistas, fábricas abandonadas, trenes, canales, túneles, puentes, vallas publicitarias… Aunque puede que no seáis conscientes, los elementos de nuestros pueblos y nuestras ciudades nos cuentan a menudo historias de los personajes que los habitan: historias de ego, de superación, de inspiración, de creatividad y también de enfrentamiento al orden establecido y a la autoridad. A través de letras y otros símbolos, los grafiteros llevan décadas dejando su huella en el paisaje urbano en un intento de marcar un territorio y comunicarse con su entorno. Hace unos 65.000 años, sin embargo, unos artistas de carácter algo más rural plasmaron la impronta de sus inquietudes vitales en varias cuevas de nuestras latitudes. Fueron los grafiteros y grafiteras de la verdadera vieja escuela europea.

Marcando territorio

El graffiti es una manifestación artística que surgió en la ciudad de Nueva York a finales de la década de 1960. Los jóvenes pertenecientes a las clases menos acomodadas de la megalópolis americana comenzaron a escribir sus nombres en las paredes de sus barrios, normalmente en forma de pseudónimos para no ser identificados y librarse así de amonestaciones o persecuciones por parte de las fuerzas del orden.

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Interior del metro de Nueva York repleto de tags, 1973 (Fuente)

Existen muchas teorías y opiniones respecto a las motivaciones y el fin último del graffiti e incluso dentro del gremio se recogen diferentes sensibilidades, pero digamos que aquellos chavales neoyorquinos, en su mayoría negros y portorriqueños, pintaban su nombre en las paredes con el fin de crearse una identidad en las calles, para que tanto sus amigos como sus enemigos supieran de su existencia. Todo comenzó con la escritura de simples tags (firmas a rotulador o a spray) sobre cualquier superficie del mobiliario urbano. Estos tags no eran nada elaborados y de alguna manera buscaban marcar territorio de una forma rápida y efectiva. A las personas que escribían graffiti por aquel entonces se les comenzó a conocer precisamente como escritores/as (graffiti writers), término que perdura en la actualidad.

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Metro de Seen de los años 1980 (Fuente)
Pieza de A Train en Lynch Park, Brooklyn, 1974 (Fuente)

Con el tiempo, el movimiento se expandió y evolucionó artísticamente: ya no eran simples firmas a rotulador las que se veían en las paredes sino piezas con una caligrafía cada vez más compleja y trabajada. Surgieron las block letters (perfectamente legibles) o las bubble letters o flops (más redondeadas). A partir de entonces el graffiti cruzó fronteras hasta hacerse popular en todo el mundo, renovándose y adquiriendo distintos matices según lugares y épocas. Los jóvenes a lo largo y ancho de planeta se contagiaron de la fuerza que transmitía este nuevo sistema de comunicación y lo adoptaron como suyo, creándose una verdadera cultura universal que ha trascendido tanto que ha llegado a ocupar espacios completamente alejados de aquellas calles de Brooklyn o del Bronx.

Pero, al contrario de lo que pueda parecer debido a la magnitud que alcanzó este fenómeno, la juventud neoyorquina no fue la pionera en el arte de decorar paredes. Decenas de miles años atrás, el paisaje kárstico europeo resultó ser el escenario perfecto para que una especie humana ligeramente distinta a la actual diera rienda suelta a sus habilidades artísticas.

Neandertales: más “humanos” de lo que pensábamos

La imagen que teníamos de los neandertales (Homo neanderthalensis) ha ido humanizándose en las últimas décadas gracias a nuevos y espectaculares descubrimientos paleoantropológicos. Lejos de ser una especie bruta y primitiva era muy similar a la nuestra en el ámbito socio-cultural, el religioso y también respecto al uso de simbología. Por otra parte, hallazgos recientes sugieren que esta especie de Homo, pariente directo nuestro y que se extinguió misteriosamente hace unos 30.000 años (aproximadamente), era capaz de hablar y convivió con el Homo sapiens durante miles de años. Por otro lado, un artículo de la revista Nature revelaba hace apenas 3 años que un humano moderno, cuyos restos se encontraron en una cueva de Rumanía, poseía ADN neandertal de unas pocas generaciones anteriores, sugiriendo que Homo sapiens y Homo neanderthalensis tuvieron sexo y se reprodujeron en Europa Central poco antes de la extinción de estos últimos. Anteriormente, estudios genéticos ya habían confirmado que poseíamos al menos un 2% de ADN neandertal. Toda una revelación y un auténtico cambio de paradigma en la historia de la evolución humana.

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Reproducción de un neandertal macho adulto (Fuente)

La cohabitación entre ambas especies pudo dar pie a un rico intercambio cultural. Sabemos que los neandertales enterraban a sus muertos, se decoraban el cuerpo con pigmentos o plumas y tenían una estructura social y una capacidad cognitiva bastante sofisticadas. No obstante, hasta hace unos días no podíamos imaginar que algunas de las fascinantes pinturas rupestres presentes en territorio europeo pudieran ser obra de estos primos lejanos.

Pinturas rupestres de hace 65.000 años

El jueves pasado saltó la noticia: los neandertales serían los autores inequívocos de al menos 3 conjuntos de arte rupestre localizados en la península ibérica: en Ardales (Málaga), La Pasiega (Cantabria) y Maltravieso (Extremadura). Un equipo internacional de investigadores había publicado en la prestigiosa revista Science la datación de estas pinturas mediante un método muy preciso denominado uranio-torio y el resultado era abrumador: las pinturas tendrían una media de 65.000 años de antigüedad. Eso significaba que no podía atribuirse su autoría al Homo sapiens, pues según los datos que se conocen actualmente esta especie no habría llegado a Eurasia hasta hace 40.000 años. Ese margen de 25.000 años otorga por el momento a los neandertales el título de vieja escuela de graffiti rupestre europeo.

Arte rupestre en Lascaux (Francia) con una antigüedad estimada de unos 18.000 años (Fuente)

 

El hallazgo tiene una gran relevancia porque nos ayuda a comprender mejor el funcionamiento de las sociedades neandertales y vuelve a constatar que no eran humanos rudos sino que gozaban de una sensibilidad estética muy desarrollada, así como de una capacidad de abstracción equivalente a la nuestra. Las imágenes de las cuevas son alucinantes. Es increíble observar esos pigmentos negros y rojos dando vida a representaciones de animales y generando figuras geométricas e impresiones en negativo de las manos de aquellos hombres y/o mujeres que habitaron Iberia milenios antes que nuestra especie.

En definitiva, el artículo del grupo liderado por el Dr. Alistair W. G. Pike y en el que participan investigadores españoles, nos demuestra que marcar paredes lleva miles de años siendo una actividad propia del ser humano y atestigua que esta forma de expresión ha llegado a cruzar la barrera de nuestra especie (o viceversa). De momento, y hasta que no haya nuevos descubrimientos que aseguren lo contrario, los neandertales son los primeros grafiteros de la historia. Veremos si más adelante aparecen otros homínidos para quitarles la corona.

Te quiero fat cap,

te amo tanto, tolueno…”

 

 

*Foto de portada: Banksy, 2011 (Fuente)

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