Especial JAPÓN

No me preguntéis por qué pero los japoneses siempre me han dado un poco de repelús. Su cultura me parece estéticamente bella, pero ciertas convenciones sociales, su inagotable complacencia y la obsesión por el trabajo hacen que Japón y yo seamos como el agua y el aceite: una sustancia polar y otra apolar que se repelen en disolución. Además hacen pelis de miedo que dan demasiado miedo. Y encima viven muchos años, son el país con más personas centenarias del mundo. Lo que faltaba.

Los japoneses tienen una esperanza de vida por encima de la media debido a diferentes factores. Por un lado, la población es muy vieja porque apenas nacen niños. Y es que a los nipones no les va mucho practicar sexo con sus parejas. Además, el estilo de vida de las ciudades apenas les permite dedicar tiempo a la familia. El crecimiento económico, acompañado de tecnologías médicas y fármacos de última generación, favorece que muchos japoneses lleguen a abuelicos. Pero la clave de su longevidad es la alimentación. A pesar del ritmo frenético en el que viven inmersos los habitantes de sus gigantescas urbes, estos continúan basando su alimentación en el consumo de pescado, algas, soja y verduras, nutrientes libres de grasas saturadas y bajos en glucosa.

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La dieta japonesa, igualiiiiita que la estadounidense (Fuente: Superfoodly)

Mucha dieta mediterránea y mucho “productos de la huerta ecológica” pero los japoneses con su Fukushima y todo nos ganan por goleada. El bajo consumo de carne roja, que se ha asociado con ciertos tipos de cáncer, también ayuda. Hace poco se ha encontrado la sustancia responsable de este desaguisado, un carbohidrato llamado Neu5Gc. Esto no quiere decir que si comes carne roja vas a desarrollar cáncer, ojo, pero sí que tienes más papeletas, sobre todo si lo haces muy frecuentemente. Es como si te vas a correr por la Diagonal de Barcelona, fumas y bebes cerveza a tutiplén. Pues no es lo mismo que si corres por el Paseo del Arga, no fumas y bebes agüita, majo.

Hablando de etanol, los japoneses tienen otra ventaja, pues son menos susceptibles a desarrollar alcoholismo. Como genéticamente toleran peor esta sustancia (les resulta más tóxica que a otros grupos humanos), es más difícil que beban por placer. El alcohol se detoxifica en el hígado en dos pasos: primero la enzima ADH lo convierte en acetaldehído, el cual produce la borrachera dichosa. Si este no es convertido después en acetato por la enzima ALDH y se acumula, el viaje será épico. Los humanos poseemos dos enzimas ALDH pero la mitad de los asiáticos carecen de una de ellas. Esto explica que se pongan como una cuba en un periquete.

Muchos asiáticos tienen solo una variante del gen de la enzima ALDH, por lo que les cuesta más detoxificar el aldehído que procede del metabolismo del etanol (Fuente: Wikimedia)

Me acabo de acordar de que hay algo que me gusta de Japón, aparte de su comida y sus cerezos en flor. Tienen un sistema científico sobresaliente y una gran lista de premios Nobel. Shinya Yamanaka, por ejemplodescubrió que las células adultas podían convertirse en células madre. No hay páginas en esta revista para explicar lo increíblemente importante que es eso. Si Shinya Yamanaka se llamara Pepita Pérez y trabajara en España, con su Nobel y todo, se quedaría sin financiación para su proyecto o no conseguiría una plaza de investigación. Hay que ver, M. Rajoy, qué poquitita vergüenza.

Artículo publicado en El Lamonatorio para El Mono revista cultural (El Mono #58)

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