La kora, la calabaza y el albinismo

La educación etnocéntrica que recibimos nos limita en muchos sentidos y nos impide ver lo que hay más allá de nuestros muros mentales. Un ejemplo muy simple: mientras conocemos a la perfección el trasfondo cultural y sociopolítico de la Edad Media en Europa, en la escuela jamás nos hablaron de lo que ocurría más allá de las fronteras del viejo continente. En el caso más magnánimo se nos instruía sobre la época dorada del Imperio Árabe y dentro del programa de estudios ni siquiera se le otorgaba la relevancia que realmente tuvo para el desarrollo de nuestra civilización. Todos tenemos interiorizado el medievo feudal, con su nobleza, sus poblados, sus castillos, sus juglares, sus brujos, su clero y sus campesinos. Pues bien, por aquel entonces, en el continente africano la historia no era demasiado diferente. También había reyes, curanderos, tierras que labrar, ganado que cuidar y poetas que contaban las historias más extraordinarias. Esos poetas, o “griots” como se les conoce en África Occidental, han continuado con sus tradiciones hasta el día de hoy generando extensos linajes de juglares africanos muy respetados en sus comunidades.

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Un señor griot con ganas de contar historias (Fuente: Wikimedia)

Para relatar sus historias, los griots se acompañan habitualmente de músicos o “jalis”, que tocan un instrumento de cuerda que personalmente considero una delicia para los sentidos: la kora. Se trata de un cordófono originario de Gambia cuyo uso se extiende también a Senegal, Mali o Guinea. Su sonido es muy similar al del arpa pero depende de cómo se toque puede recordar a la guitarra española. Se utilizan los dedos pulgar e índice de ambas manos para hacer vibrar las cuerdas y con el resto de dedos se sujetan unos mástiles de madera que posee el instrumento. La kora se fabrica con una calabaza cortada por la mitad recubierta de piel animal y sus cuerdas, de 21 a 25 dependiendo de su origen geográfico, son de nylon, aunque antiguamente solían ser de tiras de tripas de antílope.

Las calabazas dan para mucho

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La calabaza es un fruto de cáscara dura que procede de una planta rastrera (Fuente: Pixabay)

La calabaza, un receptáculo de semillas de dimensiones considerables y de gran valor nutricional, es el fruto de varias especies del género Cucurbita, que pertenece a su vez a la familia de las cucurbitáceas, grupo de plantas trepadoras con zarcillos que también incluyen al pepino, el calabacín, el melón o la sandía. Cucurbita maxima, la calabaza naranja más familiar para nosotros, tiene frutos de cáscara dura y pulpa carnosa dulce que se han popularizado en numerosas culturas formando parte de su gastronomía y sus tradiciones. Desde Halloween o la repostería hasta los recipientes para transportar agua en el Camino de Santiago. Probablemente muchos de vosotros desconozcáis cómo se forma un fruto de estas características pero para eso estoy yo aquí, para explicarlo de manera sencilla.

La mayoría de las plantas tienen flores, que no son otra cosa que sus aparatos reproductores. Dentro de las flores hay gineceos y/o estambres (dependiendo de si la flor es hermafrodita o no, en el caso de la calabaza hay flores femeninas por un lado y masculinas por el otro), que es donde se almacenan las células reproductoras o gametos. Digamos que el gineceo y los estambres son los ovarios y testículos de las flores, donde almacenan los óvulos y los espermatozoides, que en este caso son los granos de polen. Cuando se produce la polinización, es decir, cuando el polen penetra en el ovario de la flor y se fusiona con el óvulo, se forman las semillas o embriones y el ovario sufre una serie de transformaciones físicas y bioquímicas (se forma el fruto) para proteger y dispersar dichas semillas. Gracias a la reproducción de las plantas tenemos infinidad de comida a nuestra disposición, entre ellos la deliciosa calabaza. ¡No me digáis que no es maravilloso!

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Esquema de una flor. En azul, el aparato reproductor femenino y en amarillo el masculino. Porque el azul no siempre tiene que ser de chicos (Fuente: Wikipedia)

El fruto de la calabacera no sólo sirve para fabricar instrumentos de cuerda como la kora, sino también de viento y percusión. El pungi o been es la típica flauta que utilizan los encantadores de serpientes en Asia Central. Consiste en una pequeña calabaza con un orificio por donde el músico sopla y de varios tubos sonoros. El calabash, un tambor africano, es básicamente media calabaza percutida con las manos abiertas o los puños. Otro ejemplo de percusión es el güiro, instrumento muy popular en naciones caribeñas como Cuba, Puerto Rico y República Dominicana, que se fabrica a partir de una calabaza a la que se le realizan ranuras en paralelo sobre la superficie, las cuales se raspan con un palillo.

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He aquí el güiro, sin cuyo sonido no se entendería la música afrocaribeña (Fuente: Wikimedia)

Volviendo a la kora, uno de sus intérpretes más reconocidos a nivel mundial es Toumani Diabaté, un señor de Mali que se ha codeado con artistas de la talla de Björk, Damon Albarn, Taj Mahal, Ketama o Eliades Ochoa. Viene de una familia con una larga tradición musical, como suele ser habitual en estos casos, y su padre, Sidiki Diabaté, fue el primer músico en realizar una grabación con este instrumento. Los Diabaté haciendo historia. Aquí podéis escuchar a Toumani junto al gran guitarrista maliense Ali Farka Touré:

 

Albinos en África

Otro artista que ha dado fama internacional a la kora en otro contexto también es maliense, pero esta vez tiene sangre real. Salif Keita es cantante, compositor, guitarrista e intérprete de kora pero es que además es descendiente directo del rey Sundiata Keita, que en el S. XII fundó el Imperio de Mali, uno de los mayores logros políticos del pueblo mandinga. Su voz es prodigiosa y es muy célebre por mezclar sonidos tradicionales de su tierra con jazz, blues y funk, y numerosos DJs occidentales han hecho remezclas de sus temas. Pero Salif Keita tuvo la mala suerte de nacer albino en África y creedme, puede llegar a ser una auténtica pesadilla. Muchos africanos tienen un concepto erróneo de los albinos y los consideran seres mágicos y malditos que perjudican a la gente. Se les persigue, margina y asesina, y el propio Salif sufrió todo tipo de abusos en sus carnes.

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La modificación de uno o varios genes genera que el músico Salif Keita y muchos otros animales tengan problemas para sintetizar melanina. Por eso su piel y su pelo son blancos, y sus retinas rojizas (Fuente: Flickr)

El albinismo es una condición genética que afecta a la producción de la melanina, por lo que las personas (o animales) que lo sufren no pueden fabricar este pigmento ni en la piel, el pelo o las retinas, sufriendo a menudo problemas de visión o melanomas. Salif quiso estudiar Magisterio pero su visión reducida le obligó a abandonar la carrera y se refugió en la música. El albinismo es una enfermedad recesiva, es decir, sólo se manifiesta si ambos progenitores tienen el gen, y que alguien sea albino no quiere decir que sus hijos también vayan a serlo. Si no que se lo digan a los hijos de Salif que no poseen los problemas de pigmentación de su padre, que son varios.

Como habréis notado leyendo este post es mucho lo que nos perdemos cuando no miramos más allá de nuestras narices. En ese otro lado hay culturas con sociedades como las nuestras, con problemas de salud como los nuestros, que incorporaron las plantas hace años para innumerables cuestiones y que se sirven de la música para curar el alma. Intentad expandir vuestros horizontes y descubriréis una belleza infinita.

 

*Foto de portada vía Wikimedia Commons.

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