Manual de botánica para el perfecto hipster

Hace un año decidí darle un cambio radical a mi vida viniéndome a vivir a Barcelona. Al principio me costó acostumbrarme a una ciudad grande, acelerada, contaminada y llena de turistas, teniendo en cuenta que toda mi vida había vivido en lugares pequeños y tranquilos, casi rurales. Las distancias me abrumaban, la lejanía de los míos, de lo conocido y familiar, me angustiaba, y la incertidumbre que envolvía mi futuro profesional me carcomía. Después de todos estos meses en la capital catalana puedo decir que las distancias se me han hecho mucho más manejables, la lejanía de mi gente duele con menor intensidad y la inseguridad laboral se ha convertido ya en un apéndice que llevo a todas partes con bastante naturalidad. Pero todo este tiempo también he podido disfrutar de iniciativas culturales extraordinarias o del sol del Mediterráneo y he conocido a personas buenas e interesantes que me han hecho más llevadero el camino.

Vivir en la capital hipster por excelencia tiene su lado malo y su lado bueno. El malo, la superficialidad y estupidez que impregnan ciertos ambientes y el materialismo que se respira en algunos círculos selectos. El bueno, la creatividad que fluye a borbotones por todas las arterias de la ciudad.

Una de las cosas que más me llamó la atención de Barcelona era que a pesar de ser un núcleo urbano pobre en espacios verdes sus habitantes eran unos auténticos enamorados de las plantas. A lo mejor precisamente por esa falta de clorofila natural hay un verdadero culto a la botánica urbana. Muchos de sus comercios, sus casas, patios o terrazas albergan especies de exuberantes palmeras y floridos cactus que aportan oxígeno a la jungla de asfalto. Si te gustan las plantas y quieres dar a tu espacio un toque salvaje y moderno recuerda estos nombres para estar a la última en tendencias botánicas urbanas.

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La terraza de L’Antic Teatre en el barrio barcelonés del Born es una de mis favoritas

Costilla de Adán (Monstera deliciosa)

La costilla de Adán o cerimán es la planta que más se ve últimamente en las viviendas, terrazas y comercios de Barcelona. Tiene una aire muy Brasil años 50. Es una especie tropical trepadora de América Central y Sudamérica. Puede llegar a medir 20 metros y los ejemplares adultos tienen unas majestuosas hojas agujereadas, que al parecer le ayudan a aprovechar la luz de una manera más eficiente. De hecho, junto con musgos o algunos helechos es capaz de realizar la fotosíntesis con los valores más bajos de luz. ¡Es una auténtica superviviente!

El fruto de la costilla de Adán es tóxico cuando no está maduro, pues posee altas cantidades de oxalatos pueden generar cálculos renales (las típicas piedras en el riñón) y otras patologías relacionadas con el equilibrio del calcio en nuestro cuerpo. Cuando el fruto madura curiosamente pierde su toxicidad y su sabor es muy similar al de la piña (otro vegetal muy moderno) aunque ambas especies no estén emparentadas.

Es una planta que necesita calor y humedad para mantener un buen desarrollo y os pedirá momentos de sombra. Es una especie relativamente cara, como todo lo que se pone de moda, pero lo que os puede devolver esta esplendorosa planta en oxígeno y calidez no tiene precio.

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La costilla de Adán en el culmen de su hispterismo (Fuente: Pinterest)

 

Planta del dinero (Plectranthus verticillatus)

La llamada planta del dinero es una especie de la familia de las Labiadas con origen en el sudeste de África. Sus hojas son suculentas (ver más adelante) por lo que no es preciso regarla mucho. La verdad es que es una planta muy agradecida pues crece rápidamente sin demasiados cuidados. Al ser de la familia de las aromáticas (salvia, menta, lavanda) las flores, que brotan entre la mitad del otoño y mediados del invierno, se disponen de manera muy similar y tienen la característica tubular que termina en forma de labios.

Cuando Donald Trump fue elegido presidente hubo un anécdota con una Plectranthus verticillatus en la Casa Blanca. Se suponía que sobre la chimenea del despacho oval había una planta del dinero que el embajador irlandés le regaló a J.F. Kennedy cuando fue elegido presidente. Ésta había permanecido en ese lugar todos estos años y cada vez que el presidente de turno se fotografiaba con un líder extranjero esa planta siempre aparecía de fondo. Pero cuando Trump llegó a la presidencia y recibió a Obama en su despacho la prensa se percató de que la planta que decoraba la habitación ya no era aquella Plectranthus. Los observadores verdes, qué perspicaces…

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La planta del dinero en todo su esplendor (Fuente: Online Plant Guide)

 

Ficus

Existen varios tipos de plantas de interior conocidas como ficus, pero en realidad se trata de un género de 900 especies, que incluyen herbáceas, árboles y arbustos. La especie que nos da los preciados higos es Ficus carica. Este frutal mediterráneo, venerado hace cientos de años por los romanos, ahora tiene hermanos verdes que son lo más en decoración de interiores.

Con un porte sugerente y unas hojas brillantes de color verde grisáceo en forma de mano, Ficus lyrata es la reina de los ambientes cool. Últimamente no dejo de encontrármela en fotos cuquis de Instagram y Pinterest o en locales de moda. Es una planta de interior así que prefiere que no le de el sol de manera muy directa.

Pocos sabréis que otra de las especies de este género, Ficus elastica, procedente de India, es en realidad el árbol del caucho. Antes de utilizarse Hevea brasilensis para obtener este polímero con múltiples aplicaciones industriales, el hombre se sirvió de Ficus elastica. El látex que brota de los peciolos y los tallos de las especies de este género botánico puede servir también para curar verrugas y picaduras de insectos, así que si tenéis alguna higuera en casa ya no tenéis que comprar Afterbite.

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Ficus lyrata en una casa que tú ni yo nos podemos permitir (Fuente: GardenWeb)

 

Cactus

Las cactáceas representan una gran familia de plantas suculentas. No se les llama así porque tengan un sabor espectacular, que vete tú a saber, sino porque sus órganos están engrosados y son capaces de almacenar grandes cantidades de agua. En el caso de los cactus, las espinas son hojas modificadas y el resto de la planta son los tallos transformados en almacenes del valioso líquido y en máquinas fotosintéticas.

La mayoría de los cactus tienen origen americano y se piensa que llegaron a Europa través del tracto digestivo de algún pájaro.

Un cactus muy célebre en nuestro país es Opuntia ficus-indica, más conocido como la chumbera. Sus frutos, los higos chumbos, siempre me recordarán al pueblo de mi madre, Coín, donde los agricultores venden este dulce fruto en improvisados puestos callejeros.

Como leí hace un par de años en un artículo “los cactus son las nuevas piñas” y ahora los tenemos hasta en la sopa: decorando estancias, formando parte del estampado de prendas, ropa de cama, toallas, manteles, tazas de desayuno… Son seres poco exigentes y sobreviven al abandono prácticamente absoluto así que, si eres un auténtico desastre y no eres capaz ni de cuidar de ti mismo, esta es tu planta.

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Cactus y suculentas: las plantas para l@s vag@s y desastros@s (Fuente: Pixabay)

 

Otras suculentas

Aparte de los cactus existe todo un mundo de plantas crasas o suculentas sin espinas y de extravagantes formas que quedarán monísimas en cualquier rincón de tu casa o terraza. Al igual que las cactáceas poseen cantidades ingentes de agua en sus células así que tampoco necesitan excesivos cuidados.

Una especie muy utilizada en decoración es la Haworthia fasciata, nativa de Sudáfrica, cuyas hojas verdes oscuras terminan en una aguja. Otra suculenta muy común es la Crassula argentea o árbol de jade, también endémico del país de Mandela y que puede alcanzar los 2 metros de alto, aunque generalmente se cultiva en pequeñas macetas. Sus características hojas redondeadas de color verde casi brillante con bordes ocasionalmente rojizos seguro que te sonarán. Echeveria gibbiflora también está muy extendida en decoración del hogar. Sus hojas crasas aplanadas simulan la forma de una rosa (de hecho en botánica se dice que están dispuestas en “roseta”) y su origen lo encontramos en el matorral mexicano.

Una ventaja de estas plantas es que son fáciles de propagar así que si algún amigo tiene una, pídele unas cuantas hojitas y haz que generen raíces. Es así de sencillo.

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Siempre que ves estas plantas no puedes evitar que te salga un “¡Qué cuqui!” de la boca. Intenta no decirlo (Fuente: Porteño y Chic)

 

Palma fénix o palma canaria (Phoenix canariensis)

La palma fénix es una palmera endémica de las Islas Canarias. En biología el término endémico se refiere a que una especie se encuentra de manera natural sólo en una zona geográfica concreta. Su uso en jardinería es tremendamente habitual pues se adapta muy bien a las distintos condiciones, es bonita y resiste muy bien el frío (aguanta temperaturas de -8ºC).

Antiguamente los habitantes de La Gomera extraían la savia de esta y otras palmas (el denominado guarapo) para producir la famosa miel de palma. Los dátiles de la palma fénix no son tan apetitosos como los de la datilera común, pero también son comestibles. También era y probablemente siga siendo bastante habitual en las islas el uso de sus hojas como escobas.

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Este jardín con una Phoenix canariensis sólo existe en tus sueños y en las casas de personas que tienen un sueldo digno. No son jardines muy habituales (Fuente: Urban Jungle)

 

Yuca (Yucca elephantipes)

La yuca pie de elefante tiene su origen en México, Guatemala y El Salvador. De hecho su flor, el izote, es la flor nacional salvadoreña. Se cultiva como planta de interior y sus pétalos y brotes son comestibles, siendo su sabor bastante amargo. Al ser unas plantas muy resistentes proliferan bien en la zona mediterránea, por eso Barcelona está repleta de ellas.

Es común confundir las yucas decorativas con la especie cuya raíz engrosada se utiliza para comer en numerosos países tropicales, pero ni siquiera es de la familia. La raíz comestible que conocemos por yuca tiene por nombre Manihot esculenta y es de la familia de las Euforbiáceas, como Hevea o árbol del caucho, mientras que la yuca pie de elefante es una Agavácea, como el ágave, de donde se extrae el tequila. Otro dato curioso: este cactus, omnipresente en Barcelona y cualquier lugar moderno que se precie, tampoco es un cactus. Se llama Euphorbia trigona y es otra Euforbiácea como la yuca comestible o el árbol del caucho. ¿Quién dijo que la botánica fuera fácil?

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Esta pariente del ágave queda estupenda en cualquier estancia (Fuente: Casa Diez)

Palmera Fiji (Pritchardia pacifica)

Esta palmera tan mona proviene de Tonga. Sí, Tonga existe y además es un país. Mientras buscáis su ubicación en un mapa, os contaré que se también se la conoce por palma de abanico debido a la forma de sus hojas. Es recomendable fertilizarlas y trasplantarlas cada cierto tiempo para que tengan un crecimiento óptimo.

El nombre de este género hace referencia al cónsul británico William T. Pritchard, que estuvo al mando de las Islas Fiji a mediados del siglo XIX. Qué suerte, invades un país y ponen tu nombre a una palmera.

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Las hojas de la palmera Fiji tienen una característica forma de abanico (Fuente: Pinterest)

 

Bambú de la suerte (Dracaena braunii)

Dracaena braunii se puso muy de moda hace unos 10 años y probablemente continúe estándolo. Su nombre da lugar a confusiones porque no se trata de bambú. No sabemos quién la bautizó así pero es una especie que nada tiene que ver con esa subfamilia de plantas leñosas emparentadas con los cereales.

Esta especie suele crecer bien inmersa en agua, aunque es recomendable cambiársela cada dos semanas. Le va mejor la luz indirecta, pero que sea abundante. No precisa podas ni cuidados excesivos y probablemente por eso se hizo tan popular en decoración.

Puede que su uso se extendiera más en ambientes pseudohippies pero yo creo que pueden quedar bien en cualquier estilo decorativo. Si eliges un recipiente adecuado, con una Dracaena braunii le puedes dar vida a cualquier esquina de tu hogar.

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El bambú de la suerte no es bambú. Que no te engañen (Fuente: The Spruce)

 

Referencias

 

 

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