Diálogos vegetales

Spoiler alert: Si no has visto la película “El Incidente” de M. Night Shyamalan no leas este artículo. Estás avisado. Yo te recomiendo que lo leas igualmente porque es estupendo pero soy buena persona y prefiero avisarte.

Un personaje de ficción que siempre me ha resultado fascinante es el de Poison Ivy. La “Hiedra Venenosa” me atrajo desde chiquitina por todo aquello que representaba: mujer valiente, fuerte y científica con poderes que venían de las plantas (eso sí, era de las malas, mujer tenía que ser…). Gracias al fenómeno de la chlorokinesis era capaz de comunicarse con los vegetales y hacer que éstos actuaran para su beneficio. También emitía algún tipo de feromonas, con el objetivo de atraer a los hombres y en ocasiones resultaba venenosa pues liberaba toxinas a través de sus labios. Después del cómic llegó Uma Thurman en “Batman y Robin” con el pelo rojo fuego y esas cejas silvestres, y ya me acabé de enamorar. Es un disfraz que siempre tengo pendiente…

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La Thurman majestuosa en su papel de botánica mutante en “Batman y Robin” (Fuente)

Por alguna extraña razón las plantas han sido retratadas en el cine como seres más bien malignos. Hay muchas tramas de películas, sobre todo de Serie B (“La tienda de los horrores”, “El ataque de los tomates asesinos”, “Semilla negra”, “Please don’t eat my mother!”), que incluyen plantas malvadas que dañan al ser humano… Qué ironía. La mayoría de las veces se trata de plantas de dimensiones escandalosas que engullen personas. Las plantas carnívoras existen pero no comen mamíferos sino artrópodos o protozoos. Crecen en suelos muy pobres y necesitan el aporte de nitrógeno que les dan los animales para sobrevivir.

A mi este retrato de planta vil me parece estupendo porque admitámoslo, los vegetales tienen derecho a vengarse de todo el daño que les hemos causado a lo largo de la historia: las hemos quemado, talado, sembrado de manera intensiva, extinguido, y explotado de todas las maneras posibles. Y ni un “gracias”, ni un cariñico, ni un reconocimiento. También merecen su momento de gloria a lo Andy Warhol.

La película sobre plantas diabólicas que más me ha impactado es “El incidente”, de M. Night Shyamalan, director entre otras delicias de “El sexto sentido” o “Señales”. Es cierto que no es ni de lejos la mejor obra del estadounidense pero es que el argumento se merece un premio: las plantas, hartas de ser vapuleadas, explotadas y denostadas por la humanidad lanzan una contraofensiva en forma de neurotoxinas que se propagan por el aire y modifican el cerebro humano provocando comportamientos suicidas. Uno de los científicos del filme compara lo que está ocurriendo con las mareas rojas, fenómeno esporádico y poco conocido mediante el cual se da una proliferación puntual de microalgas que en ocasiones generan toxinas y dañan la fauna marina. La película muestra a las plantas como seres organizados que comportan como un ente activo y comunicante. Me parece maravilloso, qué queréis que os diga. Sublime.

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Esta otra versión del póster de “El Incidente” es bastante ilustrativa. Y da miedo. (Fuente)

“El incidente” saca a la palestra un tema que hasta hace poco era un completo misterio para los científicos: la comunicación vegetal. Las plantas no hablan como nosotros, eso está claro, pero son capaces de enviar mensajes, de recibirlos y de actuar en consecuencia. En los 80 se publicaron dos trabajos1,2 que demostraban que álamos, arces y sauces atacados por insectos herbívoros emitían compuestos orgánicos volátiles (COVs), sustancias que otros árboles cercanos eran capaces de detectar y que ponían en marcha sus sistemas de defensa para detener el ataque de los bichos fitófagos. Con los años este descubrimiento perdió fuelle e incluso fue criticado por muchos profesionales, que alegaban que no tenía sentido que un individuo avisara a otros del ataque que estaba sufriendo porque no obtendría ningún beneficio a cambio. En términos evolutivos es un buen argumento pero en los últimos tiempos se han venido realizando numerosos experimentos al respecto y estos diálogos vegetales han sido corroborados en multitud de ocasiones3.

Los vegetales no sólo se comunican entre ellos sino que además son capaces de hacerlo con otros organismos: bacterias que viven en ellos de manera simbiótica4, insectos que necesitan para su polinización, o mamíferos que son requeridos para que se alimenten de sus frutos y así dispersen sus semillas.

Las plantas pueden relacionarse mediante el envío de estas señales por el aire pero también por impulsos eléctricos5 o a través de una intrincada red de hongos asociados a sus raíces. El micólogo Paul Stamets llamó a los hongos el “internet natural de la tierra” en una charla TED en 2008, y razón no le faltaba. En 2010 investigadores chinos comprobaron que las micorrizas, estas simbiosis entre hongos y raíces, ayudaban a que las plantas de tomate estuvieran alerta ante el ataque de microorganismos patógenos6: los individuos micorrizados desarrollaban menos la enfermedad que les había sido inoculada que los que no lo estaban, pues recibían señales del ataque a través de las raíces y se preparaban para la defensa. Esto nos lo cuenta de manera más detallada José Ramón Alonso en su libro “Botánica Insólita”, publicado por Next Door Publishers, editorial por la que ya sabéis que siento debilidad. Referencia altamente recomendable para alucinar con las plantas.

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En la película Avatar no van tan desencaminados: todos los organismos se comunican a través de las raíces de los árboles (Fuente: BBC Earth)

Y vosotros ahora os preguntaréis: ¿para qué queremos saber si las plantas se mandan whatsapps o se los dejan de mandar? ¿A mi qué me importa? ¿En qué me va a repercutir todo este conocimiento científico? Sé que pensáis que los científicos somos unos frikis y que sólo queremos saber por saber (y tenéis parte de razón), pero toda ciencia básica acaba teniendo su aplicación. Las investigaciones en el campo de la comunicación vegetal son claves en agricultura. Podrían ayudar a que los cultivos no mermaran tanto ante las plagas. Todo lo que suponga mejorar la productividad de los vegetales sin el uso de productos que puedan contaminar el ecosistema o a las mismas plantas es algo importantísimo si consideramos la creciente demanda de alimento a nivel mundial. Aunque penséis que no os afecta, las fronteras son algo ficticio y si alguien tiene un problema social o ambiental en la otra punta del planeta es muy probable que os acabe tocando de un modo u otro.

Todo está conectado. Incluso las plantas. Entremos a dialogar con ellas para comprenderlas mejor y que nos puedan seguir ayudando a sobrevivir.

Referencias:

  1. Baldwin IT, Schultz JC. (1983) Rapid changes in tree leaf chemistry induced by damage: evidence for communication between plants. Science. 221, 277–279. (doi:10.1126/science.221.4607.277)
  2. Rhoades DF. (1983) Responses of alder and willow to attack by tent caterpillars and webworms: evidence for pheromonal sensitivity of willows. In Plant resistance to insects (ed. Hedin P. A., editor), 55–68. Washington, DC, USA: American Chemical Society.
  3. Karban R, Yang LH, Edwards KF. (2013) Volatile communication between plants that affects herbivory: a meta-analysis. Ecology Letters. 17, 44–52. (doi: 10.1111/ele.12205)
  4. Farré-Armengol G, Filella I, Llusia J, Peñuelas J. (2016) Bidirectional interaction between phyllospheric microbiotas and plant volatile emissions.  Trends in Plant Science. 21, 854–860. (doi: 10.1016/j.tplants.2016.06.005)
  5. Clarke D, Whitney H, Sutton G, Robert D. (2013) Detection and learning of floral electric fields by bumblebees. Science. 340, 66–69. (doi: 10.1126/science.1230883)
  6. Song YY, Zeng RS, Xu JF, Li J, Shen X, Yihdego WG. (2010) Interplant communication of tomato plants through underground common mycorrhizal networks. Plos One. 5: e13324. (doi:10.1371/journal.pone.0013324)
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5 thoughts on “Diálogos vegetales

  1. Que bonito es leerte!
    Quizás recuerdes el suceso de los antílopes (creo que generuc) del famoso zoo de Berlin. En su ambiente natural. el generuc come de las hojas de varios árboles y arbustos, entre ellos acacias. La expedición que los capturó y los llevó al zoo puso especies de acacias en su recinto para que la aclimatación fuera más fácil. Los “generucs” (generuces?) comieron de las acacias y se murieron intoxicados. Ya sea por las sustancias volátiles que se generan al ramonearlos o por por el suelo y sus raíces, el caso es que las acacias liberan toxinas para que no se coman sus hojas. En la naturaleza, cambian de punto de alimentación periódicamente para evitarlo. En el zoo no pudieron hacerlo.
    (me parece que la historia, mejor contada, se encuentra el el manual de Ecología de Ramón Margalef)
    Un saludo

    ODLV

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