Especial VOLAR

I believe I can fly. I believe I can touch the sky…”. Esto no lo dijo Leonardo da Vinci. En todo caso lo habría dicho en italiano antiguo. Esto lo cantaba angelicalmente el bueno de R. Kelly en los 90, entre fiestorros y depravaciones sexuales. No sabemos si conocía los trabajos del de Anchiano pero más le valdría (y a vosotros también), porque la humanidad le debe grandes avances tecnológicos a este melenudo polímata.

Una de sus obsesiones era la de volar. Desde bien temprano sus investigaciones científicas se enfocaron en estudiar el vuelo de las aves y de los murciélagos. Sabía que la respuesta estaba en la naturaleza. Inventó diferentes máquinas voladoras y aunque jamás pudo hacer volar ninguna sí que se acercó bastante y mejoró el funcionamiento de muchos mecanismos. Un hombre listo este Leonardo.

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Leo y sus bocetos (Fuente: 20 Minutos)

La mecánica del vuelo de las aves incluye distintas fuerzas que actúan sobre el animal: el empuje, el peso, el roce y el levante. Sus alas no son planas, tienen una curvatura que recuerda a una gota de agua y esta morfología aerodinámica provoca una diferencia de velocidades entre la parte superior, donde el aire debe recorrer más distancia por lo que va más rápido, y la parte inferior, en la que el aire va más lento. En la zona inferior es donde se produce mayor presión que propulsa al animal para que se eleve.

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La física de las alas de un ave (Fuente: Entre plumas)

Aves y aeronaves tienen un mecanismo de vuelo similar y la diferencia principal estriba en el peso, ya que como sabréis no pesa lo mismo un Boeing 747 que un jilguero. Los huesos de los pájaros tienen muchas cavidades y son muy livianos. Esto lo podéis comprobar cuando comáis muslo de pollo, aunque a lo mejor en vuestras casas os miran raro si en mitad de la comida os afanáis escudriñando el interior de un fémur de animal muerto. Para que os hagáis a la idea el esqueleto de una fragata, un ave tropical de unos 2 metros de envergadura, pesa tan sólo 114 gramos, menos que el peso total de sus plumas. Otra adaptación al vuelo de los pajaricos es que tienen su columna soldada para dar rigidez a la hora de volar. Excepto las cervicales. Por eso parecen más tiesos que un click de Playmobil pero mueven el cuello hacia delante y hacia atrás cual seguidores de Wu-Tang Clan. Por otro lado, la naturaleza es ahorradora y en las aves se ha evitado dientes, vejiga, un ovario y el pene. No pongáis esa cara que ya os gustaría deshaceros de algún kilito, sobre todo después de los atracones de las pasadas Navidades. Otra adaptación curiosa es el gran desarrollo de sus músculos del pecho: las aves tienen un pectoral que ni el Labrador ese de Gandía Shore. Esta musculatura es la encargada de batir las alas.

El origen del vuelo en las aves sigue siendo un enigma. A pesar de lo que se comenta no fue el Hombre del Espacio el que las creó de la nada, I’m sorry. Puede que los ancestros de las aves comenzaran saltando para capturar presas y escapar de depredadores o que planearan entre los árboles.

El caso es que después de escribir este artículo sólo puedo pensar en una amiga mía que tiene ornitofobia. Siente auténtico temor por las aves y verla esquivar palomas con cara de espanto por Paseo Sarasate me resultaba de lo más gracioso. Hasta que vi pájaros en Youtube dislocándose el cuello a ritmo de Death Metal. A partir de entonces no he vuelto a mirarlos del mismo modo.

 

El Lamonatorio en El Mono revista cultural (El Mono#49)

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