JAVIER ARMENTIA

El gazteiztarra Javier Armentia, director del Planetario de Pamplona, es un científico dedicado a divulgar su pasión entre los profanos, algo complicado y frustrante en ocasiones pero muy necesario para que nuestra sociedad pueda ser mejor algún día.

EM- ¿Cómo te dio por convertirte en astrofísico? ¿Hubo alguna figura inspiradora, hechos históricos quizás?

JA- Quedaría bien decir que fui de los cautivados por la serie Cosmos a comienzos de los ochenta pero para entonces ya estaba haciendo físicas. Me gustaban las ciencias y en esos tiempos de andar pasando fines de semana en el monte con los scouts me empecé a aficionar a mirar al cielo y a intentar reconocer las constelaciones, conocer las historias detrás de sus nombres… Creo que siempre me gustó estar en la Luna.

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El científico y divulgador estadounidense Carl Sagan instruyéndonos sobre planetas en la mítica serie Cosmos  (Fuente: Popaganda)

EM- Profesor en Barcelona, director del Planetario de Pamplona, antiguo investigador y profesor de la Complutense, impulsor de Ciencia en el Bar junto a Joaquín Sevilla, redactor de un blog, asiduo de las redes sociales… ¿Vives en un universo paralelo que te has montado con días más largos?

JA- Lo bueno de la divulgación científica, como cualquier trabajo de comunicación, es que luce. Luce mucho, más de lo que te esperas. Así que uno se pone a hacer una cosa, luego otra, luego te llaman y después te encuentras con alguien, mientras sigues con lo que empezaste y ahí te encuentras con más gente… El problema es que al final te da la sensación de que hablas más de lo que debes, o que reciclas demasiado (pero siempre para lugares diferentes), y sobre todo, que sigues sin saber decir que no. Luego en casa me abroncan porque todo esto te come el tiempo de estar con la familiar. La maldición de trabajar en tu hobby

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El Planetario de Pamplona en uno de los dos días de sol al año que tiene la capital navarra

EM- ¿Ves imprescindible la formación reglada y pagada para dedicarte a la comunicación científica? De cara al perfil que pueden buscar hoy día las empresas o instituciones.

JA- Por supuesto que nada es imprescindible. Pero tampoco podemos quejarnos específicamente de que la comunicación científica “sufra”, como cualquier especialidad académica, del sistema de másteres y demás, y que en general la titulitis haya convertido la carrera universitaria no sólo en una carrera de obstáculos, sino en un carísimo divertimento. Las propias empresas e instituciones prefieren ser parte del sistema y contratar a gente con titulación, así que llegado el caso uno puede plantearse que es o eso o nada. Me da pena, principalmente porque esto disuade a gente de poder profesionalizarse, y porque como rebote deja en un plano inferior a la autoformación y al amateurismo. Y no son malos: yo soy autodidacta en gran parte y he sido más amateur que profesional, a mucha honra. Lo confieso: cuando veo que ha surgido un nuevo máster de cosas de comunicación de ciencia tengo ganas de matricularme yo mismo, porque tampoco tengo una titulación de esas. Qué le vamos a hacer, es el signo de los tiempos…

EM- ¿Qué opinas de los detractores del famoso divulgador neoyorquino Neil deGrasse Tyson que alegan que “ni siquiera se dedica a la investigación”? ¿Es realmente necesario que los divulgadores sean científicos en activo? Ha quedado demostrado que profesionales de la comunicación o antiguos investigadores (como es tu caso) desempeñan labores de divulgación fructíferas.

JA- ¿Qué detractores? Imagino que son tan poco conocidos como los que dijeron lo mismo de Sagan (aunque él también era investigador y de renombre para cuando comenzó a ser conocido, pero decían que ya no hacía ciencia, sólo televisión etcétera). Hay científicos en activo muy recomendables para estar con ellos en una charla o leerles en un periódico o donde sea. Hasta los hay con blogs o que se atreven a dar microcharlas en sitios de esos de microcharlas guays. Y conozco algunos muy pocos recomendables, como en todo. No tengo un criterio más allá del que cuenten bien historias que me apetezca oír. Mejor aún: que cuenten muy bien historias que ni siquiera sabía que quería oír; ahí está el truco de la buena divulgación y reconozco que una persona que sabe de los entresijos de la investigación científica en determinado campo puede ser capaz de encontrar una de esas buenas historias más fácilmente que un lego en ese campo… Aunque no sea imprescindible: mi último monólogo surge de algo que leí a un escritor y poeta (que también es físico) hablando del triunfo de Trump, pero que involucra a físicos cuánticos y psicólogos.

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Debemos hacer que la ciencia mole, como bien saben en EE. UU. (Fuente: Quora). En la foto Stephen Hawking, Bill Nye y Neil deGrasse Tyson, tres pesos pesados de la comunicación científica

EM- ¿Cómo valoras la situación de la divulgación en nuestro país?

JA- No soy más que un lector ocasional y desorganizado. No accedo posiblemente ni al 10% de todo lo que se está haciendo y aún así no me da tiempo, así que imagino que la situación no puede ser mala cuando cada semana se escribe el equivalente a varios Ulises de divulgación, se hacen podcasts por valor de más horas que las que tiene una semana y hasta hay youtubers, charlas y streamings hasta de Periscope suficientes para llenar también todas esas horas de contenidos de ciencia. Hace unos años lloraba, como llorábamos todos, porque había muy poquito. Ahora no, al menos a mi no me da el cuerpo para seguir a todas y todos los que hacen divulgación. Ahora bien, si la pregunta hace referencia a si esto afecta algo al estado del país, ilusiona grandes audiencias y demás, pues no. Para eso está el fútbol, la telerrealidad y la política, es decir, esas aficiones de masas que mueven la pasta en los medios de comunicación (de hecho, todo es telerrealidad, o más bien teleirrealidad).

EM- ¿Cómo llevas la fama? Porque sabemos que tienes tu entrada en Wikipedia y sales hasta en los autodefinidos de la prensa alavesa…

JA- Mal: esperaba más ofertas sexuales que económicas. Y tampoco llegaron estas últimas. La fama es rara, incluso en la pequeña y ridícula escala en la que yo la vivo: vas paseando por ahí, alguien se te queda mirando un poco más de lo normal, y como yo soy miope y despistado siempre me entra la duda de si realmente lo conozco de algo o es que me ha visto en la tele; vas a un sitio y se te acerca alguien muy campechano y te dice “hombre, Armentia…” y te habla como si fueras familiar suyo, pero no le conoces de nada.: simplemente te ha visto en la tele. Ah, por cierto, es que uno no se hace famoso si no sale en la tele. Vale, o si eres youtuber, pero yo no alcanzo (aún) ese nivel. Lo del autodefinido me dejó pegado, eso sí. Aunque fue más fuerte cuando me metieron como personaje de un cómic y una entrevista en un libro de lengua castellana que siguen los chavales de primaria en Euskadi. De repente cuando venían al Pamplonetario querían ver al tipo ese que salía en sus libros de texto de la ikastola. Hasta llegué a firmar algún autógrafo. Lo bueno de eso es que al momento siguiente te ningunean en la tienda de al lado, y no hace falta contratar a nadie que te recuerde que eres humano. Lo soy, si lo sabré yo…

EM- Maria Mitchell fue una astrónoma pionera, hasta descubrió un cometa, sin embargo nadie conoce su nombre. A pesar de representar un porcentaje elevado en la ciencia las mujeres investigadoras han sido denostadas por la historia. Hace poco una periodista dijo que se lamentaba de que no hubiera mujeres galardonadas en los premios Nobel de este año y le cayó un vergonzoso aluvión de comentarios machistas. ¿Qué hacemos mal como sociedad?

JA- Lo hacemos todo mal porque ahora no podemos decir que no sabíamos que estas cosas pasaban, porque ahora tenemos la posibilidad de dejarnos de tonterías y hacer una sociedad más inclusiva, paritaria, igualitaria y nos dedicamos a criminalizar a quien exige el mínimo derecho a reconocer que las cosas no tienen por qué seguir siendo así. No me meteré a pontificar en nada de esto, intento comportarme bien y no meter la pata. Y si un día una compañera me dice que algo está mal porque ella como mujer se siente minusvalorada, tiendo a pensar que sin duda tiene razón. Y si lo expresa una persona por su condición étnica, su nacionalidad, su sexualidad o cualquier otra cuestión de esas, me digo siempre que posiblemente tenga razón y que si yo no lo he visto o no lo he tenido en consideración es simplemente porque estoy del lado mayoritario de la cuestión, del que vive tranquilamente sin sufrir esa injusticia.

EM- Ya te lo preguntamos una vez vía Twitter, pero queremos que nos lo digas a la cara… no te mola nuestro Monóscopo: ¿por qué?

JA- ¿No me molaba? Imagino que me pareció demasiado similar a los horóscopos y por lo tanto quedaba como algo más de promoción de la astrología que como una parodia. Igual es que no tengo sentido del humor.

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Nuestro monóscopo no es lo suyo, pero le queremos igual (Fuente: El Mono #47)

EM- ¿Expediente X hizo mucho mal? La verdad es que a mi me animó más si cabe a convertirme en científica.

JA- No, realmente no hacía tanto mal. Fíjate que yo vi incluso la novena temporada con Doggett y Reyes, sí, mujer, el que hacía de T-1000 en Terminator 2, que era de lo peor que imaginé nunca ver en series hasta que hicieron esos seis capítulos el año pasado con unos caducos Mulder y Scully en plan un poco Walking Dead. Lo malo es que la gente se lo creyera, como esos tarados de las revistas pseudocientíficas. Me acuerdo de Carballal, Sierra y demás en ellas haciendo sus clubs de “verdaderos Expedientes X”, es para morirse. Encontrar a esa panda de aburridos intentando subirse al carro del éxito televisivo era, por encima de todo, patético. La gente no llegó a darse cuenta de que era una buena serie cómica, de la misma forma que Los Soprano era una genial sitcom familiar.

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Scully cantándole las cuarenta a Mulder porque él estaba erre que erre con lo de los OVNIs. Muy pesado.

EM- ¿Cómo se siente uno al ponerle “Cervantes” a una estrella?

JA- Como un niño un poco pillo. Conseguimos de alguna manera que la gente viera que había buen rollo en eso de poner nombres cervantinos a unos planetas lejanísimos de los que no sabemos nada. Ahora estamos acabando la producción de un documental para el planetario sobre el tema, y justo la sintonía de créditos que ha compuesto Luis Delgado es un tema renacentista tocado con sintetizadores modulares, un poco entre Wendy Carlos y Kraftwerk. Así que imagina, qué gozada. Fue una pena que cuando en 2009 intentamos hacer que la Unión Astronómica reconociera que el sistema estelar Rho Ophiuchi se podía llamar “la estrella de Mickey” porque era igualita que el ratón de Disney no consiguiéramos convencerles. Pero habrá que retomar la idea, visto lo de la estrella Cervantes.

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Probablemente después de esto la gente se queje porque no les ponemos Messi o Neymar a los planetas

*Fotografía principal cortesía de José H. Álvarez Martínez 

*Entrevista a Javier Armentia para El Mono revista cultural en su número 47, Especial Doppelgänger 

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