Especial HOSPITALES

Desde mi más tierna infancia he odiado los hospitales. ¿A quién en su sano juicio le va apetecer ir a un hospital si no es porque les pagan? Ese tufo a rancio, esas paredes verdes y esa tristura en el ambiente sólo puede agradar a un emo o a Miércoles Adams. Pero el tema del mes es el que es y aquí manda quien manda así que en El Lamonatorio hemos decidido instruiros sobre un asunto relacionado que da miedo, curiosidad y risa a partes iguales: la anestesia.

Cuando un médico anestesia, ya sea todo el cuerpo o una parte del mismo, lo que hace es aplicar fármacos que bloquean la sensibilidad y el dolor. Hasta el descubrimiento de los primeros anestésicos inhalantes se había paliado el dolor con métodos menos convencionales (frío, alcohol, cáñamo, opio, cocaína, hipnosis), pero gracias a la ciencia hoy día muchas intervenciones son un paseo por las nubes y no un infierno en vida. El mecanismo de acción de los anestésicos sigue sin estar claro para los científicos. Durante muchos años se pensó que a mayor solubilidad de la sustancia en aceite mayor eficacia, ya que las membranas de nuestras células son ácidos grasos y se creía que el fármaco se unía de manera difusa a ellos y efectuaba su acción. Esta hipótesis se desechó y ahora se especula con que el compuesto interacciona con una proteína diana (de Gales) en las membranas celulares.

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Como hemos dicho antes, cuando la anestesia moderna aún no se había perfeccionado se estilaba el uso de opiáceos, alcohol y marihuana. Sí, menudos listillos. Sigmund Freud, vicioso y psicoanalista, fue el primero en descubrir la acción de la cocaína como anestésico local. El siglo XIX fue la era de los gases: primero el óxido nitroso (el famoso gas de la risa) y luego el éter dietílico. El problema es que eran inflamables y la podían liar parda durante su uso. Un poco más tarde se incorporó el cloroformo a las cirugías. Hemos de aclarar que el típico cliché del secuestrador que duerme a su víctima con un pañuelo impregnado en cloroformo no es muy realista. El cloroformo puede tardar hasta 10 minutos en dejar KO a una persona y pierde efectividad en contacto con el oxígeno, con lo que tendrás poco éxito si pretendes dormir a tu víctima mientras estás agazapado con tu pañuelo al aire.

Actualmente se utilizan una gran variedad de drogas cada vez menos peligrosas. Está muy extendido el uso del isoflurano, un derivado del éter muy barato. El propofol, un intravenoso, es una especie de “suero de la verdad” y produce desinhibición. Algunas anestesistas relatan que los jóvenes al despertar les piden un beso o resaltan la belleza de sus ojos. También es la droga que se asoció con la muerte de Michael Jackson, pues el cantante se había puesto fino filipino según la autopsia. Algo curioso es que las pelirrojas precisan de un 20% más de anestesia que otras mujeres y se piensa que es debido a la genética.

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A la hora de su muerte Michael Jackson llevaba propofol en su organismo como para operarse la cara otra vez

En ocasiones la anestesia produce efectos poco ordinarios, como le ocurrió a aquella chica a la que le acababan de extraer las muelas del juicio. Todavía sedada creía que tenía un miembro enorme en la boca que no le dejaba respirar… Bueno, podría ser peor. Alegrémonos de vivir en 2016 y de no tener que bebernos una botella de whisky barato para que nos saquen una bala. Imaginaos la resaca del día siguiente. Sólo de pensarlo se me revuelven las tripas.

El Lamonatorio en El Mono revista cultural (El Mono #45)

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