Pamplona, un safari diferente: la Taconera

Vivir en un pueblo pequeño en contacto directo con la naturaleza hace que esta sea mucho más accesible, llegando a formar parte de nuestra rutina diaria. Por ello, es corriente que los más pequeños conozcan muchos aspectos de la naturaleza desde que empiezan a tener uso de razón: las diversas especies animales y vegetales del ecosistema salvaje y del medio rural, los diferentes usos y compuestos que obtenemos de dichos seres vivos, etc. En definitiva, son más conscientes desde edades tempranas del mundo vivo que les rodea.

El espacio urbano, sin embargo, contiene unos pocos reductos de naturaleza que pocas veces nos paramos a contemplar. Se suele decir que Pamplona es una ciudad bastante verde. De hecho, un estudio de 2010 la sitúa a la cabeza de las ciudades españolas con más zonas verdes urbanas, con 26 m2 por habitante. Hemos decidido proponeros un recorrido por 5 puntos de la ciudad para que disfrutéis con los más pequeños y les transmitáis conocimientos científicos de manera divertida. Veamos quiénes disfrutan más, si los enanos o los adultos…

LA TACONERA

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Vista del foso de la Taconera, con el Edificio Singular al fondo (vía Viajejet)

El antiguo parque de la Taconera, que data de 1830, es una de esas amplias zonas verdes pamplonesas. Además de árboles y otras plantas ornamentales alberga un pequeño zoológico en el que habitan diversas especies animales en semilibertad. Tiene 90.000 m2 de superficie y antaño los olmos predominaban en el parque pero la grafiosis, una enfermedad causada por el hongo Ophiostoma ulmi y transmitida por un escarabajo, destruyó millones de estos árboles en Europa durante el siglo XX. Hasta la década de los 60 había grandes olmedas en Pamplona, a lo largo de la zona del Arga y en el Paseo de Sarasate. Preguntad por ahí a los mayores, veréis cómo lo recordarán…

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Olmo con grafiosis (foto por Luis Núñez)

Existen varios árboles viejos y singulares en la Taconera que cabe destacar, tanto por su belleza como por sus valiosas aportaciones biológicas. Un buen ejemplo es un antiguo castaño de indias (Aesculus hippocastannum) que se registró como el mayor refugio en la Península Ibérica del nóctulo mediano, llegando a albergar 68 ejemplares de este murciélago durante el invierno. Otro ejemplo es la secuoya gigante (Sequoiadendron giganteum) que se erige por la entrada principal a la derecha, que mide 26 metros y es originaria de las montañas californianas. Después está la sófora (Sophora japonica), situada al lado del Café Vienés, digna de admiración por su porte y aspecto tortuoso. Como curiosidad, estos árboles asiáticos son de la familia de las leguminosas, al igual que las alubias o las lentejas. En los jardines también se plantaron diferentes especies de arbustos como el laurel (con el cual condimentamos guisos), el enebro (el “alma” del gintonic), el acebo (en peligro de extinción) y el sauco.

Pero como bien sabréis, son los diversos animales de este lugar los que provocan una atracción casi hipnótica en los niños pamploneses. Estas son algunas de las curiosidades de las especies que moran en el foso. ¿A que muchas no las conocíais?:

-Los ciervos: Tienen el récord de velocidad de regeneración pues su cornamenta les crece 2 centímetros diarios. Teniendo en cuenta que sus cuernos son como nuestras uñas, nosotros no ganaríamos para manicura…

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Ciervos junto a un pavo real (vía Turismo de Pamplona)

-Los pavos reales (Pavo cristatus): El 60% de la largura de su cuerpo está ocupada por su cola. Esto en los machos, porque las hembras no poseen ese abanico de plumas tan fastuoso.

-La gallina de Guinea (Numida meleagris): Es una especie africana. Posee la cabeza desnuda de plumas y  el cuerpo gris y negro con motitas blancas.

-Los cisnes negros (Cygnus atratus): Nada que ver con Natalie Portman. Se trata de un ave de origen australiano que se alimenta exclusivamente de plantas. Cuando nacen los polluelos, su plumaje es blanco.

-Las cabras (Capra aegagrus): Estos bovinos, a diferencia de sus primas las ovejas, son muy ágiles y pueden comer arbustos o matas en pendientes muy empinadas. En Marruecos, las cabras del Argán se suben a estos árboles de ramas resistentes para comer sus brotes tiernos y sus frutos.

-Los ánades reales o azulones (Anas platyrhnchos): son unos patos muy comunes en nuestras aguas. Los machos, con su inconfundible cabeza azul que según le de la luz se puede tornar verdosa, poseen un plumaje mucho más colorido que las hembras, de colores más sosillos las pobres. Esto en zoología se llama dimorfismo sexual, es decir, según cual sea el género del individuo, presentará unas características externas u otras (como ocurre con nosotros, los humanos).

De  momento, esto es todo, amigos. Manténganse atentos para cuando llegue el siguiente capítulo…

[Fuente: Colección de libros sobre biodiversidad urbana del Ayuntamiento de Pamplona  (Agenda 21 Pamplona)]

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