Especial ORTOPEDIA

Medio máquinas, medio humanos. Esos seres extraños, futuristas y con poderes sobrenaturales que tantas referencias cinematográficas nos han dado: desde “IA”, “Yo, robot”, “Ex Machina” o “Blade Runner”, a “Soldado Universal”, “Eduardo Manostijeras”, “RoboCop” o “The Matrix”, por nombrar unas pocas. Existen ciborgs (seres formados por materia viva y dispositivos electrónicos) memorables como nuestro querido Darth Vader o el entrañable Frankenstein, formado por órganos humanos y algunos elementos sacados del Leroy Merlin. Estas criaturas nos enternecen a la par que nos asustan, pues no sabemos el alcance de pueden llegar a tener sus características robóticas. El típico miedo a lo desconocido, como le ocurre por ejemplo a Celia Villalobos con las rastas de Alberto Rodríguez.

Sin embargo, y por mucho que nos empeñemos en ver todo esto como ciencia-ficción, a estas alturas del S. XXI el segundo término está de más. La ingeniería biónica es real, y es una disciplina que busca el trabajo conjunto de sistemas biológicos y electrónicos, lo cual deriva a la creación de prótesis activadas por los nervios de un ser vivo, robots controlados por una señal biológica o la fabricación de modelos artificiales de elementos naturales, como la visión o la inteligencia artificiales. Ya existen miles de organismos cibernéticos en la vida real, humanos que han incluido en su cuerpo piezas no orgánicas para así poder mejorar sus vidas. El caso del catalán Neil Harbisson es bastante conocido. Este joven nació con acromatopsia, patología que le impedía ver los colores. Se las ingenió para crear una especie de tercer ojo biónico que lleva pegado a la cabeza y convierte los colores en sonidos para así poder distinguirlos. Ahora insiste en que pueda incluirse su fotografía con la prótesis puesta en el DNI y el pasaporte, pues argumenta que ya forma parte de él y que necesita ser identificado de esa guisa.

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Neil Harbisson con su ojo biónico

Pero hay otros casos muy comunes de ciborgs reales. Muchas personas sordas combinan un implante coclear en un oído y un audífono en el otro para así oír con normalidad. Muchos enfermos de Parkinson poseen un electrodo en el cerebro que anula sus temblores y les permite llevar una vida totalmente normal. La modelo Rebekah Marine se hizo mundialmente famosa al desfilar en la Semana de la Moda de Nueva York con su brazo biónico el año pasado. El caso más bizarro de un humano con un órgano artificial es el de un escocés que fue atropellado cuando tenía 6 años y perdió el pene y un testículo. Gracias a la implantación de un pene biónico, podrá perder su virginidad a los 43 años. Estuvo 11 horas en el quirófano para que le colocaran dos tubos que se hinchan con los fluidos de un implante en su vientre. Al presionar un botón que posee en el escroto controla el dispositivo, que mide 20 cm y está recubierto con un injerto de piel de su brazo. Inquietante, por no decir otra cosa…

Finalmente, la aplicación más curiosa de la biónica son los biobots. Se trata en su mayoría de insectos con implantes que pueden utilizarse en misiones de vigilancia aérea o de rescate. De momento las pruebas se han realizado con cucarachas debido a su naturaleza resistente. No sé vosotros, pero a mi que me rescate una cucaracha y no un bombero mazado como Dios manda me da ganas de llorar. A ver si la ciencia no va a molar tanto después de todo…

El Lamonatorio en El Mono revista cultural (El Mono #39)

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